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>> RESERVAS EN FIANZAS
Sonia Galvis Segura, Directora de la Gerencia Regional de Latin American Reinsurance Company Ltd. Las Reservas de IBNR y de Siniestros Catastróficos



En este interesante trabajo presentado por Sonia Galvis Segura, directora de la Gerencia Regional de Latin American Reinsurance Company Ltd., en la última Asamblea General de la Asociación Panamericana de Fianzas (APF), realizada en Guatemala, se efectúan algunas reflexiones en torno al concepto relativo a la reserva de IBNR y su aplicación a la gestión del afianzador profesional.


I. Marco General

a. El Objeto del Seguro de Cumplimiento

Antes de iniciar la aproximación al concepto de la IBNR, vale la pena recordar que la función primaria del asegurador-afianzador consiste en garantizar al beneficiario de la caución la satisfacción de la obligación asumida por el contratista, de tal forma que en el evento de presentarse un incumplimiento imputable al afianzado, el beneficiario quede indemne.
Tratándose de fianzas, dicha indemnización puede tener el sentido de la cláusula penal concebida como la estimación previa y anticipada de perjuicios o basarse en la liquidación de contrato garantizado, con lo cual queda claro que la suma asegurada como máxima responsabilidad del asegurador, no necesariamente habrá de coincidir con el monto que a la postre resulte a su cargo.
Por otra parte, es válido afirmar que, tratándose de garantías de cumplimiento, la definición del siniestro es un procedimiento complejo que supone establecer una secuencia de hechos, a saber:
* La insatisfacción de las obligaciones del contratista.
* El monto del perjuicio sufrido por el contratante en virtud del hecho anterior.
* La existencia de la imputabilidad a cargo del primero, a título de dolo o culpa.
Si el afianzado puede reparar directamente el perjuicio con sus propios recursos, o si el contrato ha generado retenciones que permitan aplicar el beneficio de excusión, el monto del siniestro a cargo del asegurador-afianzador será menor y se reducirá con relación a la estimación inicial de la reclamación.
Si por el contrario, nada de lo anterior es factible, el fiador se verá abocado a asumir el siniestro, lo cual podrá realizar, bien pagando en dinero la suma que corresponda, bien asumiendo la ejecución del contrato, previo análisis objetivo de su viabilidad técnica y financiera. Si ésta es la vía que se adopta, el asegurador deberá tener en cuenta que su responsabilidad equivaldrá al 100% del contrato garantizado.
En el caso en el cual, analizada la reclamación, el asegurador concluya que procede su rechazo, corresponderá presentar la objeción, manteniendo la debida reserva, para cubrir el evento de que la posición adoptada, no sea de recibo por parte del beneficiario pudiendo dar lugar a un litigio y por lo mismo a una eventual condena.

b. La Creación de Reservas de Siniestros

Para lograr que tanto el asegurador como el reasegurador estén en capacidad de cumplir con sus compromisos de siniestros, sin registrar abruptas oscilaciones en sus estados financieros, es preciso contar con un adecuado sistema de reservas, que analizado retrospectiva y prospectivamente permita concluir que en todo momento en el pasivo del afianzador se incluya el monto real de sus potenciales de pérdidas.
Por otra parte, no se puede perder de vista que en estas apropiaciones no es sano incurrir en excesos ni en defectos, pues en el primer evento, la empresa podría llegar a comprometer la estabilidad y solvencia requerida para atender sus obligaciones, y en el segundo será probable afectar de manera desigual el derecho de los accionistas a obtener un adecuado retorno de su inversión.

II. El Siniestro Como Generador de Pasivos para el Asegurador

Al analizar el estado de pérdidas y ganancias de todo asegurador, el resultado técnico se obtiene de restarle a las primas los egresos de la operación, representados en gastos administrativos, comisiones, provisión de primas pendientes y siniestros, constituyendo estos últimos, el renglón más descriptivo de la gestión afianzadora, por las particularidades que un reclamo de este ramo lleva implícitas.
Es claro que acontecido un siniestro, el asegurador debe constituir una reserva que corresponda, de acuerdo con el criterio fundado del analista, a la suma que más se acerque al potencial de pérdida, partida que corresponde a la denominada reserva de siniestros pendientes, que debe evolucionar de acuerdo con los elementos fácticos respectivos, reflejando permanentemente la exposición bruta de la cedente.
Además de los puntos ya mencionados en el párrafo precedente, es menester tomar en consideración que en el proceso de apertura y actualización de la reserva de siniestros, el fiador se enfrenta a muchos dilemas, no solamente en cuanto a la apreciación de si existe exposición, sino también a la definición cuantitativa de la misma y a la determinación del momento en el cual se pueda entender acontecido el hecho, que teóricamente podría equivaler a uno cualquiera de los siguientes momentos:
* Aquél en el cual el asegurador obtenga, por cualquier medio, conocimiento de un eventual incumplimiento a cargo de su afianzado.
* El equivalente a la notificación que el beneficiario realice al fiador acerca de la insatisfacción de las obligaciones del contratista.
* El momento en el cual el afianzador verifique el grave quebrantamiento patrimonial del contratista, su declaratoria de insolvencia o incluso el inicio de un proceso concordatario. * La aceptación por parte del fiado de su culpabilidad respecto del siniestro reportado por el Contratante.
* La decisión de un tribunal sobre la validez de las pretensiones del beneficiario.
* La iniciación del proceso ejecutivo para el cobro de la indemnización.
* La condena dentro del mismo proceso.
Para adoptar una determinación en relación con la solución de los tres dilemas antes citados (existencia de exposición, magnitud de la misma y materialización del siniestro), la cedente debe siempre tener en perspectiva que si la exposición existe y no se reserva, tarde o temprano el siniestro emergerá como reclamo tardío, teniendo impacto en la constitución de la reserva de IBNR. Por otra parte, la demora en reportar las reservas de siniestros puede llegar a dar lugar a confrontaciones con el reasegurador, quien incluso estaría habilitado para discrepar del criterio con base en el cual la cedente hubiere resuelto no establecer provisiones adecuadas y oportunas para el caso, razón de más para propender por una ágil y equitativa política de creación de dichas reservas.
Más grave aún resulta el riesgo en el que se colocaría una cedente que, habiendo conocido la ocurrencia de un hecho generador de potencial pérdida, no lo avise al reasegurador y guarde silencio sobre el mismo, dejando correr los términos de prescripción, pues en tal evento, si con posterioridad a la expiración de dichos términos, la cedente reportara el caso, el reasegurador podría legítimamente eximirse de responsabilidad, con lo cual el siniestro tendría que ser absorbido por cuenta neta por el asegurador directo.
Es evidente también que reportado un siniestro tardío, este hecho generará una afectación en las cuentas técnicas, sobre la base del concepto de arrastre de pérdidas hasta extinción, lo cual tendrá un impacto en la reliquidación de la comisión de utilidades reconocida por el reafianzador a la cedente.
Por lo demás, es preciso enfatizar que las particularidades del reclamo son las que deben aquilatarse para establecer el monto de la reserva, sin permitir que consideraciones exógenas al mismo, como la existencia de contratos de reaseguros proporcionales o no proporcionales, influyan en el establecimiento de la cuantía de la reserva.
Una vez constituidas estas reservas de siniestros, habrán de actualizarse periódicamente, siguiendo los cortes contables de la cedente, revisión que también es aconsejable realizar anualmente, para mantener el valor presente del pasivo, neutralizando aspectos como inflación, devaluación e intereses.
Con todo, a pesar de que el asegurador directo maneje consistentemente su política de siniestros en curso, esta reserva no garantiza, per se , la suficiencia de las apropiaciones, toda vez que en el negocio asegurador es muy frecuente que se presenten siniestros aún no conocidos por el afianzador en un momento determinado, pero respecto de los cuales la experiencia indique que sobrevendrán en un tiempo futuro. Esta incertidumbre, de por sí, nos habla de la existencia de una exposición que el fiador diligente debe reservar y cubrir.
Tal exposición ciega, puede provenir para el asegurador directo de circunstancias de muy variada índole, a saber:
* La existencia de un problema latente aún no manifiesto ni percibido por el contratante.
* El reporte tardío de una reclamación por parte de éste al asegurador.
* La subestimación del analista acerca de la exposición real generada en un siniestro.
* El impacto de la inflación.
* La devaluación en caso de asunción de obligaciones en moneda dura.
* En general, las diversas circunstancias que podrían incrementar el monto de la pérdida final.
Para amparar situaciones como las antes descritas, la técnica aseguradora recurre a la reserva de IBNR que corresponde internacionalmente al concepto de siniestros incurridos pero no reportados.
Por una parte, la IBNR es un mecanismo que, basado en la observación de hechos del pasado y en su proyección al futuro, permite solucionar el dilema de cómo estimar estas responsabilidades por eventos no conocidos en el presente, pero con impacto claro en el futuro, sobre la base de que tales siniestros en algún momento emergerán y serán reportados, creando una responsabilidad concreta. En este sentido, la IBNR pretende neutralizar esta incertidumbre.
Es también cierto que como ya lo anotamos, la IBNR en la práctica permite absorber desviaciones provenientes de la subestimación del monto de las reservas de siniestros, concepto que se reconoce con la sigla IBNER,equivalente a la expresión de siniestros incurridos pero no suficientemente reservados.

III. La IBNR y sus Diversos Procedimientos de Cálculo

Podríamos definir esta reserva como la correspondiente a siniestros incurridos con anterioridad a la fecha de un corte contable, pero no reportados sino hasta después del mismo.
Asegurador y reasegurador aproximan el concepto de la IBNR de forma diferente, ya que el primero, por regla general, dispone de información individualizada respecto de los siniestros incurridos, la reserva inicial de cada uno, la fecha de ocurrencia, el monto pagado, y las reservas pendientes al momento del corte. De tal manera, es sencillo identificar en el total de pasivos por siniestros, qué montos corresponden a eventos avisados y pagados y cuáles a la reserva IBNR, que se puede calcular por un método estadístico que contemple el número de casos reportados y su valor promedio.
A su turno, el reasegurador tiene un grado mayor de incertidumbre sobre los siniestros incurridos, ya que no conoce tanta información particular, lo cual se agrava por la circunstancia de que naturalmente las cedentes también consumen tiempo para reportar los avisos, produciendo una cola adicional. Es frecuente, por lo tanto, que en materia de reaseguros se recargue la IBNR amparando tanto la insuficiencia del reporte inicial como el período extendido a que nos hemos referido previamente.

a. Aproximación al Cálculo de la IBNR

Sea lo primero manifestar que existen casi tantos métodos de cálculo de la IBNR como actuarios en nuestra actividad, de manera que sería imposible tratar -al menos para mí- de sintetizarlos en esta presentación. Por ello buscaré enfatizar los aspectos que se observan como constantes en las diversas metodologías.
Cuando la compañía disponga de información completa, fidedigna, confiable e individualizada por ramos, será factible establecer cortes, y en cada uno revisar hacia atrás los avisos, los pagos y las reservas pendientes del período, y establecer cuáles de esos siniestros fueron objeto de reporte oportuno y cuáles de información tardía.
Si, como suele acontecer, la información recopilada no posee ese grado de detalle, la IBNR puede obtenerla por diferencia entre la pérdida final o full estimate loss y los siniestros pagados a la fecha reportados oportunamente, método que se conoce como remainder term o remanente. Por supuesto, la ecuación compuesta por tres elementos funcionará con dos conocidos para encontrar el tercero.
En este método, si la reserva de siniestros reportados no está ajustada por el factor conocido como future development , la IBNR será más bien IBNER. De lo contrario, estaremos en presencia de una típica reserva de incurridos pero no reportados.

b. El Principio Subyacente

No obstante, si la situación real es tal que la información estadística no se encuentra disponible o no reviste la precisión o amplitud requerida, habrá que recurrir a otra medida para establecer una correlación. Si esto se logra, la IBNR seguirá una proporción de la medida alternativa, es decir que trabajaremos sobre un cociente obtenido de un numerador que será el valor de la IBNR, y un denominador equivalente a la medida escogida para el análisis, aplicados ambos a un período determinado.
Muchas medidas alternativas pueden seleccionarse. Por resultar aplicable a este caso, vale la pena traer a colación el caso del mercado estadounidense que en 1973, por disposición de las autoridades, definió que para el ramo de fianzas, la IBNR debería corresponder como mínimo al 5% de las primas emitidas. Si siguiéramos esta propuesta, la IBNR se establecería a partir del mínimo requerido adicionando porcentajes como margen de seguridad.
Pero de este supuesto no puede deducirse que el cociente obtenido sea exacto ni mucho menos que permanezca constante a lo largo del tiempo, pues sin duda existe una probabilidad de variación de su valor. La manera más simple de tomar esta variación será asumir que la IBNR del año en análisis será al menos igual a la del año precedente. Esta cifra se recargaría con un factor multiplicador que naturalmente será variable según el ramo analizado, debiendo ser más riguroso y creciente en líneas como las de fianzas, que se encuentran ligadas a unas "colas" medianas o largas, entendiendo por tales, la realización de los siniestros con posterioridad al año siguiente al de la iniciación de la vigencia de la cobertura.

c. Bases Alternativas Para la Proyección de la IBNR

En realidad, éste es el punto crucial en el cálculo, pues la exactitud de la proyección dependerá del acierto de la medida de comparación escogida, que bien puede referirse a primas, siniestros, dinero o unidades, como más adelante se explicará.
Cuando la medida se expresa en términos monetarios, lo más usual es hablar de monto de las primas brutas, devengadas o retenidas, o de valor de los siniestros reservados, pagados o incurridos.
Si la expresión se refiere a unidades, por lo general la referencia se realizará respecto de número de eventos como la cantidad de siniestros avisados oportunamente, o el número de reportes tardíos. En todo caso, cuando se trabaja sobre unidades se requiere realizar una estimación separada de la progresión de la IBNR, sobre la base del valor promedio de las reclamaciones ajustadas a valor presente.
Básicamente para escoger la unidad deberán tenerse en cuenta dos factores: la exposición a riesgo y la inflación.
La mayoría de los entendidos prefiere calcular la IBNR sobre siniestros que sobre primas, porque éstas no permanecen constantes en el tiempo y lo que es más grave, pueden adolecer de insuficiencia técnica debido a la competencia. Adicionalmente, como dentro del cálculo de las primas se involucran aspectos tales como los gastos de adquisición, la comisión y la utilidad del asegurador, lo más aconsejable es trabajar sobre la base de prima pura de riesgo, dato que muchas veces no se encuentra disponible.
El cálculo con base en siniestros también tiene sus problemas, pues los reclamos reportados pueden estar subestimados. Otro factor que pueden afectar la consistencia del cálculo es el relativo a un cambio de filosofía de la cedente en cuanto a constitución de reservas.
De ahí la importancia de que antes de definir la IBNR se realice una observación por un período prolongado, que en un ramo como el que nos ocupa debería comprender entre cinco y diez años.
Las líneas de cola corta pueden trabajarse sobre siniestros pagados, pero las de cola mediana o larga, como las de fianzas, deben trabajarse sobre siniestros incurridos, siendo en todo caso recomendable que cada año de la observación se ajuste por la inflación para mantener el valor presente.
Es importante también ser consistente en que los períodos de corte para la construcción de la IBNR sean siempre los mismos, para evitar inexactitudes en las medidas temporales de comparación.
d. El Método de Tarbell

Este sistema parte de la base de analizar la exposición en un año concreto, y al final del período establecer los siniestros adicionando a los pagos las reservas, lo cual nada reflejará aún acerca de siniestros todavía no conocidos.
Sin embargo, durante el año siguiente al inicial, estos reclamos comenzarán a emerger, siendo inicialmente registrados como IBNR, para luego desplazarse hacia siniestros reportados.
No obstante, el status de IBNR para estos reclamos se conservará para todos los siniestros reportados en ese segundo año que hubieran emergido en el primero.
En el año siguiente, se determinarán los siniestros reportados que correspondan en cuanto a su ocurrencia a la vigencia anterior, lo que significa que se referirán a eventos que ocurrieron en el año precedente pero fueron reportados después de la expiración del citado período, siendo la cifra resultante la base para la constitución de la IBNR.
En cada año, se reflejará entonces el desenvolvimiento de los siniestros incurridos tardíamente reportados, siendo la asunción general de Tarbell que en la mayoría de los casos el proceso de run off de la IBNR ocurrirá doce meses después de la expiración de un año dado, por lo que en términos generales éste no sería el método más afín con el ramo de fianzas.
Sin embargo, Tarbell también contempla la posibilidad de considerar colas, con base en la experiencia de lo registrado después del primer año por este concepto.
La medida que se utiliza en este sistema corresponde a los siniestros incurridos durante los tres últimos meses del año de exposición, pero el valor de los mismos no corresponde a la suma total de tales pagos y reservas sino a su valor promedio (valor total sobre número de casos), neutralizando así el efecto que podría derivarse de los siniestros inusualmente cuantiosos.
La selección del período trimestral de observación se basa en la importancia de escoger un lapso suficientemente reciente, a fin de que refleje la tendencia actual de los siniestros, y suficientemente largo, para que la información estadística tenga credibilidad.

e. Sistema de Valor Promedio por Siniestro Incurrido Pero no Reportado

Este procedimiento supone partir del número de siniestros tardíamente reportados en un momento dado, estableciendo su valor promedio, proyectando ambas variables (número de casos y monto) al futuro, para subsumir así la responsabilidad.
Suponiendo que la información sobre el run off de la IBNR se encuentre disponible para los años anteriores al análisis, el cálculo al futuro sería mas bien simple.
La manera más sencilla de obtenerlo, es asumir un índice estable entre el número de reclamos tardíamente reportados -IBNR- y el número de reclamos reportados en el año, siendo factible completar el cálculo, recolectando la información de siniestros correspondientes a años anteriores al primero hacia atrás, aplicando un factor de recarga para los años entre el tercero y el quinto, estableciendo una tendencia que debe ser observada y extrapolada.
Al utilizar este método obtendríamos una información no muy refinada, por lo cual el ejercicio puede mejorarse realizando observaciones mensuales o trimestrales en vez de anuales. De esta manera, se puede construir una tabla de desenvolvimiento de número de reclamos, usando el sistema de triángulos, en el que el eje izquierdo vertical representará el mes o trimestre de ocurrencia del accidente, mientras que en el eje horizontal se reflejará el año de desenvolvimiento. Luego se aplicará el factor escogido a los siniestros reportados en el año corriente y se obtendrá el valor final estimado de reclamos, pudiendo derivar los siniestros de IBNR por diferencia.

f. Costo Promedio de IBNR por Siniestro

Como ya se dijo, es factible asumir una relación estable entre el costo promedio de los siniestros de IBNR y el costo promedio de los reclamos oportunamente reportados en un período dado.
Sin embargo, para que esta suposición arroje un razonable coeficiente de certeza, es preciso examinar con ese criterio las relaciones de varios años hacia atrás, siendo frecuente que cuanto más prolongado sea el número de años observados, más desviaciones aparezcan. Estas pueden también medirse e incorporarse en el modelo, para finalmente obtener un resultado de IBNR que será el producto del número estimado de siniestros y el costo promedio por reclamo.

g. IBNR por Proyección del Año de Accidente

En muchos ramos de seguros, como sucede en el de cumplimiento, se presenta la llamada cola de siniestros, entendiendo por tal, el advenimiento de reclamos en momentos posteriores al año siguiente al de iniciación de vigencia de la póliza.
Lo que se pretende para poder medir el impacto económico de esta realidad, es construir tablas completas de desarrollo que muestren el afloramiento de los siniestros tardíos por año del accidente.
La información se presenta graficada en forma triangular, siendo el eje vertical a la izquierda el año de accidente y el eje horizontal el desenvolvimiento de la IBNR.

Desenvolvimiento

(VER CUADRO 1 ADJUNTO)

En el año D (o sea el del accidente) no hay ningún siniestro de IBNR, porque su reporte no sería tardío. El período D1 refleja los siniestros reportados en el año inmediatamente siguiente al del accidente. El año A6 no registra siniestros, lo cual refleja que ese momento es aquél en el que se está construyendo la tabla.
Lo ideal para un ramo como el que nos ocupa es trabajar con siniestros incurridos y primas devengadas, de tal manera que se incluirán tanto los pagos de siniestros tardíos, como las reservas aplicables a los mismos en la fecha de desenvolvimiento.
El segundo paso consiste en construir las cifras año por año, así:
(VER CUADRO 2 ADJUNTO)

El renglón A1 es el valor de los siniestros tardíos de este año. La cifra 202 se obtiene al restar 604 de 806 (A2 de la anterior gráfica). 142 es el resultado de restar 806 de 948, y así sucesivamente.
El paso siguiente consiste en introducir las primas devengadas (PD) por año de accidente, y luego dividir en cada caso, las cifras del run off, por las primas que contractualmente les corresponden, así:
(VER CUADRO 3 ADJUNTO)

Analizando la tabla anterior y visualizando las columnas hacia abajo, los porcentajes muestran una tendencia más o menos estable, lo que significa que, en este ejemplo, el afloramiento de la IBNR está relacionado con una constante de primas devengadas por año de accidente.
Por ello es razonable obtener un promedio de los porcentajes de cada columna vertical, así:
(VER CUADRO 4 ADJUNTO)

La columna titulada "Suma" muestra el porcentaje de siniestros con IBNR que se espera emerjan para cada año de accidente, así que para realizar la proyección completa de la IBNR solo es necesario multiplicar los porcentajes de la citada columna por las primas devengadas correspondientes a cada año.
(VER CUADRO 5 ADJUNTO)

Esta última tabla refleja el valor actual de los casos reservados por año de accidente y su comparación con los siniestros tardíamente reportados.
La cifra de 3.147 representa el total de siniestros con IBNR, valor que puede adicionarse a los casos de reservas corrientes que equivalen a 10.284 para obtener el monto total de reserva requerida que en nuestro ejemplo asciende a 13.431.

h. Algunas Recomendaciones

Tratándose del ramo de fianzas, me atrevería a formular algunas recomendaciones para el diseño de una política de IBNR.
El período de observación debería extenderse por un lapso cercano a diez años.
Los períodos de cálculo deberán ser siempre los mismos (mensuales, trimestrales, anuales, etc.).
Por tratarse de un ramo con "cola larga", lo aconsejable es trabajar con primas devengadas y siniestros incurridos.
Primas y siniestros deberán ajustarse a valor presente.
Lo ideal al realizar comparaciones sobre primas es concentrarse sobre la prima pura de riesgo.
Para neutralizar los efectos de los siniestros de gran magnitud, es aconsejable trabajar con siniestros promedio.
Aspectos de gran incidencia en el ramo como desviaciones en el monto de reclamaciones provenientes de honorarios de abogados, decisiones judiciales, honorarios de ajustadores y condenas en intereses y devaluación, habrán también de incorporarse en el modelo.
Por último, no puedo dejar de mencionar que a nosotros compete proponer un sistema que permita calcular con un aceptable coeficiente de acierto la IBNR, reserva que tiene gran impacto para el manejo de este ramo, y hacer ver a las autoridades de nuestros países que cuanto más exigente sea el esquema que presentamos, más sólida será la compañía. Siendo ello así, una política exigente en materia de constitución de IBNR debería merecer un tratamiento favorable cuando se trate de calcular y exigir coeficientes de margen de solvencia.
Lamentablemente, en muchas legislaciones, parece existir un malentendido a este respecto, pues al realizar el cálculo de margen de solvencia sobre siniestros incurridos, se estaría castigando a las compañías que hubiesen aplicado criterios más exigentes en materia de reservas. Por otra parte, aun si se calcula el margen de solvencia sobre siniestros pagados, las afianzadoras con procedimientos más estrictos para el cálculo de la IBNR deberían tener un crédito por este concepto.

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