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>> RESPONSABILIDAD CIVIL
Dr. Carlos Schwarzberg Responsabilidad de los Hipódromos por Accidentes Sufridos por Jockeys

En el presente trabajo el Dr. Carlos Schwarzberg analiza en profundidad si existe responsabilidad de las entidades propietarias de hipódromos, o de quienes los explotan, por los accidentes sufridos por los jockeys.


Introducción

Para la contratación de seguros de Responsabilidad Civil se ha planteado si existe la responsabilidad de las entidades que son propietarias de hipódromos o que los explotan, respecto de accidentes que pudieran sufrir los jockeys durante las carreras que allí se desarrollan y, podríamos agregar, durante las pruebas de entrenamiento o similares. A fin de responder esa inquietud analizaremos los temas siguientes.

Relaciones Contractuales Involucradas

En primer lugar debemos considerar la figura del propietario del caballo P.S.C. (Pura Sangre de Carrera).
Es común que dicho propietario entregue el animal para su cuidado y entrenamiento a un cuidador o stud naciendo así la primera relación contractual vinculada a esta actividad.
Usualmente es el cuidador quien -con acuerdo del propietario o, si está facultado para ello, por su decisión- contrata al jockey que ha de conducir al animal en una determinada carrera. A este nuevo convenio se lo denomina "compromiso de monta". Así surge el segundo contrato.
Finalmente existe una relación contractual entre el propietario o el cuidador por una parte y el hipódromo por la otra, en la cual se conviene la intervención del equino en determinada carrera y la forma en que deberán distribuirse los premios que llegue a ganar.
En tal sentido es usual que quien explote el hipódromo -por ejemplo, el Jockey Club- directamente retenga del monto del premio el porcentaje establecido para el jockey, la participación acordada para el cuidador y entregue el saldo al propietario.
Como puede verse, no existe vínculo jurídico alguno entre el hipódromo y los jockeys, ni siquiera echando mano a la doctrina de los contratos conexos o coligados que modernamente se ha acuñado.
Esta comprobación demuestra que no puede haber responsabilidad contractual alguna de los hipódromos frente a los jockeys.

Responsabilidad Extracontractual en el Código Vigente y en el Proyectado

Veamos la posibilidad de una responsabilidad extracontractual.
Al respecto comencemos por analizar si existe la posibilidad de una responsabilidad fundada en la culpa ya que si existiera dolo por parte de quien causó un daño, su responsabilidad es obvia.
Los hipódromos deben ofrecer pistas y restantes instalaciones en correcto estado de mantenimiento. Asimismo deben ejercer la debida vigilancia para impedir que personas, animales o máquinas puedan interferir en el desarrollo de la prueba, lo cual nos conduce al genérico deber de seguridad. De no cumplir tales obligaciones desde luego el hipódromo será responsable.
Fuera de lo expuesto, cabe verificar si existe una responsabilidad objetiva y en tal sentido se ha sostenido que el caballo P.S.C. es una cosa peligrosa conforme a lo previsto por el art. 1.113 del Código Civil. Dicha norma establece una responsabilidad objetiva en cabeza del dueño o guardián de la cosa quien deberá responder excepto que exista culpa de la víctima o de un tercero por quien no sea responsable.
Tal disposición lleva a la comprobación de que, aun aceptando que el caballo P.S.C. sea una cosa peligrosa, la responsabilidad recaería sobre el dueño o el guardián, siendo claro que los hipódromos no revisten ni una ni otra cualidad.
Ya hemos visto qué papel juega el dueño del caballo y en cuanto al guardián podría encontrarse en el cuidador o en el propio jockey que, durante la carrera, es quien tiene a su cargo el cuidado y dirección del equino. Evidentemente en ningún momento el hipódromo reviste las características de dueño o guardián.
Todo lo expuesto hasta aquí conduce a la conclusión de que no existe responsabilidad contractual ni extracontractual por parte del hipódromo respecto a eventuales accidentes que sufrieran los jockeys.
Conviene destacar que esta respuesta se brinda en función de la legislación actualmente vigente, dado que en el proyecto de Código Civil preparado por la Comisión designada en 1995 se han incluído ciertas normas en los arts. 1.661, 1.665, 1.669 y 1.670 de dicho proyecto que veremos a continuación.
El art. 1.661 extiende la responsabilidad por el daño causado con intervención de cosas de las que alguien se sirve o tiene a su cuidado, al que resulte de "la realización de actividades especialmente peligrosas". El art. 1.665 dispone que "quien realiza una actividad especialmente peligrosa, se sirve u obtiene provecho de ella, por sí o por terceros, es responsable del daño causado por esa actividad". Define la actividad especialmente peligrosa como la que "tiene aptitud para causar daños frecuentes o graves". El art. 1.668 pone a cargo de quien realiza una actividad, se sirve u obtiene provecho de ella, el deber de seguridad si de dicha actividad puede resultar un daño a las personas que participan o a sus bienes. A su vez, el art. 1.669 dice que quien tiene la obligación tácita de seguridad podrá liberarse de ella "si prueba haber actuado con diligencia, a cuyo fin debe haber adoptado las medidas de prevención razonablemente adecuadas". En tal sentido se ha seguido el art. 2.050 del Código Civil italiano que dispone que "quien ocasione un daño en el desenvolvimiento de una actividad peligrosa, por su naturaleza o por la naturaleza de los medios utilizados, deberá resarcir dicho daño si no prueba haber adoptado todas las medidas idóneas para evitarlo".
Como es fácil comprender, la norma proyectada extiende la responsabilidad actualmente prevista por el uso de cosas riesgosas o con vicio a los daños que deriven de una "actividad especialmente peligrosa".
Conviene recordar que el art. 1.170 del proyecto mencionado dispone que "el daño causado por animales, cualquiera sea su especie, queda comprendido en el art. 1.662" que se refiere a las cosas riesgosas.
Por lo tanto, de llegar a sancionarse el proyecto mencionado podrían variar sustancialmente las conclusiones que antes dejamos expuestas.

Argumentos Adicionales que Conducen a la Falta de Responsabilidad de los Hipódromos

Amén de cuanto queda expuesto, existe una serie de importantes razones que también conducen a la ausencia de responsabilidad de los hipódromos. Veámoslas:

a) Asunción del riesgo
El jockey es un profesional habilitado para intervenir en carreras de caballos P.S.C. que obviamente lucra con su actividad y que asume voluntariamente los riesgos que implica.
En tal sentido resulta claro el contraste entre el espectador del evento deportivo -o de una carrera de caballos- y quienes toman activa participación en la competencia. Respecto de los primeros es uniforme la jurisprudencia y doctrina acerca de que están amparados por el deber de seguridad que pesa sobre quien organiza el espectáculo. ¿Cabe la misma respuesta para quienes voluntariamente participan de la actividad? Probablemente será difícil encontrar mejores ejemplos que los del boxeador o el corredor de automóviles. ¿Cabe imaginar un reclamo de cualquiera de ellos contra el propietario del estadio o circuito donde tales deportes se desarrollen o contra quienes los organicen o exploten? Parece claramente imposible puesto que se trata de riesgos voluntariamente asumidos. Otra sería la respuesta si hubo defectos en la organización del evento o si no se previeron circunstancias que podían suceder.

b) Otros responsables
Hasta aquí hemos analizado la eventual responsabilidad de los protagonistas sin precisar las razones que pueden conducir a los accidentes.
En tal sentido debemos contemplar el supuesto de que el daño causado a un jockey provenga de la actuación no reglamentaria de otro participante o de su obrar doloso.
Al respecto se ha estudiado la responsabilidad derivada del incumplimiento de los reglamentos que rigen una determinada actividad deportiva, concluyéndose que no cualquier violación a tales normas torna ilícito el obrar del deportista. Se requiere que se excedan las contingencias habituales del deporte, p.e. las normales lesiones que sufren los jugadores de fútbol, para que nazca una responsabilidad en primer lugar en cabeza de quien ha provocado el daño y luego, en la actividad turfística, podría estudiarse la del propietario o entrenador del caballo causante del accidente.
Ya hemos tenido ocasión de mencionar el supuesto de un mal estado de las pistas o de interferencias de terceros -por ejemplo, objetos arrojados desde la tribuna. Puede también suceder que el caballo sufra una fractura, un síncope o una rodada por causas exclusivamente derivadas del propio animal. En ese caso podremos indagar la posible responsabilidad del propietario o el cuidador pero obviamente jamás podría serle adjudicada al hipódromo. Así y todo deberá ponderarse el tema de la voluntaria asunción del riesgo y el hecho de que tales accidentes son, desde luego, previsibles salvo que se pruebe que en la especie resultó imprevisible.
Finalmente cabe también analizar si el causante del accidente fue el propio jockey por negligencia, imprudencia, inobservancia de los reglamentos o errores de tipo técnico, lo que excluiría total o parcialmente -parcial si existió culpa concurrente- la responsabilidad del propietario o cuidador. En tal caso sería actualmente aplicable el art. 1.111 del Código Civil que dispone: "el hecho de que no cause daño a la persona que lo sufre, sino por una falta imputable a ella, no impone responsabilidad alguna".
Es claro que quien, conduciendo un automóvil, por ejecutar una mala maniobra, sufre un accidente, no podrá dirigirse contra el propietario del vehículo ni contra quien lo fabricó. Sería una aplicación más del supuesto previsto por el art. 1.113 cuando hace referencia a la culpa de la víctima según ya hemos visto.

c) Daños causados por animales
Los arts. 1.129 y siguientes del Código Civil se ocupan de los daños causados por animales, siendo el principio básico que el propietario debe responder por tales daños, siempre que estuviera bajo la guarda del propietario o sus dependientes.
Conforme a lo que hemos visto, durante la carrera el verdadero guardián del equino es el jockey, o en todo caso el cuidador, ninguno de los cuales es dependiente del propietario. De todos modos y en lo que aquí interesa, es claro que los hipódromos, por no ser dueños ni guardianes de los caballos, no son responsables de los daños que analizamos.

La Doctrina y la Jurisprudencia
Conclusiones

Lamentablemente la doctrina y la jurisprudencia no siempre se han orientado en el sentido que venimos exponiendo y a continuación pasaremos a efectuar una revista de tales antecedentes.
En su obra "La Responsabilidad Civil en el Deporte y en el Espectáculo Deportivo" , Carlos Mario Bosso estudia el accidente deportivo.
Recordando opiniones de Brebbia, Orgaz y otros, sostiene la irresponsabilidad -tanto penal como civil- de los participantes en un evento deportivo respecto a los daños que pueden sufrir otras personas intervinientes, en tanto el daño no sea intencional, se trate de un deporte autorizado y se hayan respetado las reglas del juego.
Para fundar la absolución de responsabilidad se ha tomado en cuenta el consentimiento dado por la víctima, vale decir la voluntaria asunción del riesgo.
No obstante no falta quien sostiene que los bienes personalísimos -no patrimoniales- no son disponibles y consecuentemente no son renunciables tal como resulta del art. 872 del Código Civil.
Finalmente algunos sostienen que en materia de deportes no corresponde hacer excepciones a los principios generales que gobiernan la responsabilidad.
Estudiando la responsabilidad del organizador del evento deportivo, Bosso, en la obra citada, expone distintos supuestos.
En primer lugar el caso del asociado o miembro de la entidad que compita en ella. En tales casos, por no existir dependencia jurídica ni económica del deportista hacia la institución, en principio la responsabilidad no existe pero la entidad está obligada a tener dispuesta la asistencia médica que pueda ser necesaria y también puede ser responsable si el daño obedeció al obrar de un dependiente. En el caso de los deportistas profesionales registrados -como es el caso de los jockeys- puede haber responsabilidad del organizador sólo si existe vínculo contractual entre éste y el deportista o si este último tiene dependencia jurídica o económica respecto de aquél.
Como hemos visto precedentemente, nada de ello sucede en las carreras de caballos. En un reciente e interesante fallo de la Cámara Civil, Sala E, del 15 de agosto de 2000, publicado en el diario La Ley del 01/06/01, pág.6, se debatió con motivo de un accidente de los que dan lugar a estas reflexiones.
Antes de iniciar una carrera, al hacer ingresar el jinete a un pura sangre en la "gatera" , el caballo se alzó sobre sus patas traseras golpeando el jockey su cabeza contra un travesaño allí ubicado. En el juicio se discutió la responsabilidad que le cabía al propietario y al cuidador del animal, llegándose a la conclusión que cualquiera de ellos tiene que responder por el total de la indemnización que corresponda pudiendo ser demandados indistintamente (en el caso concreto sólo fue demandado el propietario). Al mismo tiempo esa sentencia establece la responsabilidad del jockey accidentado ya que, por haber montado al equino en ocasiones anteriores, conocía las dificultades que podían plantearse y que por lo tanto pudo prever y evitar. El porcentaje a cargo del jockey se fijó en el 50% en Primera Instancia y se redujo al 25% en Segunda Instancia. Como puede verse, no se planteó en el juicio la eventual responsabilidad del hipódromo en concordancia con lo que sostenemos en este trabajo si bien, eventualmente, pudo haberse discutido si el diseño de la "gatera" brindaba suficiente seguridad puesto que el hecho sucedido debió preverse al construir ese sitio.
Durante la enseñanza de un deporte de riesgo -en el caso, la equitación- se ha resuelto que cuando una entidad imparte la enseñanza de un deporte el aprendiz tiene relación contractual con la entidad, que designa un profesor a tal fin. Esa relación se integra con el deber de seguridad que la entidad está obligada a asumir.
Así, se llegó a establecer una culpa concurrente del establecimiento deportivo y el alumno en razón de que el primero no advirtió debidamente acerca de los riegos corridos y el segundo agravó la situación asumiendo dificultades mayores que las propias de la prueba (C.N.en lo Civil, Sala I, 04/05/2000 "Faillace Diego c/Fundación Equs Fidei" ).
También se ha resuelto que existe responsabilidad del club deportivo en el cual existe una pileta de natación si no ha cumplido con el deber de seguridad procurando evitar accidentes o auxiliando al deportista si sucedieran, no siendo suficiente para excusar la responsabilidad la asunción del riesgo por parte del deportista, si bien cabe que éste actúe velando por su propia salvaguarda y tomando las precauciones del caso.
En un caso de esas características la Suprema Corte dispuso la existencia de concurrencia de culpas y mandó dictar una nueva sentencia (C.N. Civil, Sala D, febrero 24 de 1987 "Fernandez de Lopez Dora c/Asociación Civil Club Atlético All Boys" , publicado en L.L. 1987-D, pág. 266, con comentario de Jorge Bustamante Alsina).
En la obra "Daños en y por Espectáculos Deportivos" coordinada por Carlos Alberto Ghersi se distinguen los accidentes propios de la actividad deportiva de los impropios. También corresponde ver los daños ocasionados a otros deportistas.
En principio el daño sufrido por un deportista dentro del accionar reglamentario no genera responsabilidad. Sostiene que los hipódromos son responsables frente a los espectadores y por ello habitualmente contratan seguros de responsabilidad civil en tanto que los jockeys toman un seguro independiente de accidentes personales.
En definitiva consideramos que los hipódromos no son responsables por los accidentes de los jockeys salvo en los supuestos analizados en que aparezca violado el deber de seguridad.

 
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