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Reducción de Riesgos de Desastre: ¿Qué Puede Hacer el Sector Privado?



Aprendiendo y enseñando con sus aciertos y errores, el seguro ha contribuido durante los últimos siglos a reducir los riesgos de desastre y seguirá haciéndolo, dice Hans Peter Würmli, Presidente de CRO Networks de The Geneva Association.


Un gran terremoto en alta mar golpeó a Portugal y África noroccidental el Día de Todos los Santos de 1755. El terremoto, los incendios y el tsunami que lo siguieron barrieron casi totalmente a Lisboa y costaron una enorme cantidad de vidas. El primer ministro del rey, Sebastião de Melo, más tarde Marquês de Pombal, se volcó inmediatamente a reconstruir la ciudad diciendo, según cuentan: “¿Y ahora qué? Sepultamos a los muertos y curamos a los vivos”. Se adhirió a los ideales del Iluminismo impulsando reformas en el comercio, los impuestos y la educación. De igual modo, se establecieron nuevos códigos de edificación y normas de planeamiento urbano para la reconstrucción de Lisboa basados en experimentos científicos para lograr edificios con mayor resistencia sísmica teniendo en cuenta la experiencia local del Gran Terremoto. Su gran percepción (la catástrofe no es el terremoto ni ningún otro riesgo natural sino cómo y dónde construye la gente sus hogares) sigue impulsando nuestro pensamiento sobre cómo puede reducirse el impacto de los desastres.
El seguro moderno se caracteriza idealmente por tres rasgos:
• Abordar los riesgos con criterio bien informado y racional.
• Ofrecer servicios definidos en mercados libres y regulados.
• Ofrecer registraciones contables verídicas, equitativas y realistas.
Abordar los riesgos en forma bien informada y racional significa en primer lugar tener conciencia de que sólo pueden manejarse las exposiciones a los caprichos de la naturaleza o la actividad humana. Los códigos de edificación y las normas de planeamiento urbano pueden modificar marcadamente la exposición a inundaciones, tormentas, terremotos o incendio. “La luz eléctrica es el policía más eficiente”, dijo Louis D. Brandeis. La precaución tiene un costo, pero el ahorro puede ser enorme a comparación con los sufrimientos humanos y daños materiales que se evitan. El seguro funciona de una sola forma: internalizando costos que de otro modo son externos. Al guiar el comportamiento humano y hacer valer la precaución, el seguro puede mitigar el impacto de sucesos temidos. Esto puede denominarse “la mano invisible” del seguro.
Las primeras sociedades constituidas como aseguradoras se crearon luego del Gran Incendio de Londres. Estas empresas hicieron posible el desarrollo de destrezas, conocimientos y talentos especiales. Caben destacarse tres fortalezas decisivas de la comunidad aseguradora: la habilidad e independencia para evaluar riesgos, incluyendo decisiones sobre los límites de lo asegurable; la capacidad para crear productos de seguros destinados a internalizar costos externos (por ejemplo sucesos temidos); y, fundamentalmente, tener el incentivo adecuado para imponer condiciones y medidas para gestionar las exposiciones a riesgo, a fin de tornar menos probables los sucesos temidos.
El modelo de negocios de los aseguradores demostró ser sustentable, en gran parte porque los aseguradores saben cómo cuantificar el riesgo y cómo fijar condiciones técnicas adecuadas. Esto no se diferencia de saber cómo contabilizar los riesgos. A fines del medioevo tardío en Italia, el progreso de la contabilidad moderna impulsó por partida doble el desarrollo del comercio, y a su vez, éste el de la contabilidad. De igual modo, la contabilización adecuada -a veces descripta como verídica, equitativa y realista- es clave para el seguro.
La gestión de riesgos en seguros aprendió a abordar pertinentemente dos cuestiones que en sí no pertenecen al negocio asegurador: el dilema de las ventas por representantes y la importancia de los incentivos adecuados. Ambas surgen cuando la cooperación humana para realizar tareas se presenta en una sociedad basada en la división de funciones. El dilema de la representación, o el problema del mandante y mandatario como también se lo conoce, surge cuando personas que no son las que fijan las metas realizan las actividades para alcanzarlas. Lo cual ocurre tanto en nivel macro como micro. ¿Cómo puede confiar el mandante en que el mandatario cumplirá sus funciones correctamente? A menudo se encontraron soluciones mediante inventivos y la creación de instituciones de control, equilibrando de algún modo la inclusión con la coerción. El sistema de mandante, mandatario y controlador puede identificarse en muchos lugares: en democracias constitucionales consiste en la división entre el poder legislativo, ejecutivo y judicial; en los gobiernos, el principio podría aplicarse mediante leyes que regulen determinada actividad que es supervisada por un organismo del estado; dentro de una empresa, podría ser el nivel de dirección superior que dicta políticas, y el nivel ejecutivo que maneja las operaciones que son controladas por la auditoría interna, el área de cumplimiento y el control de riesgos.
El sucesor del Marco de Acción de Hyogo, conocido informalmente como “HFA 2”, puede construir sobre los sólidos principios y estándares ya existentes, similares o idénticos a lo resumido anteriormente. Fortalecer el rol de las sociedades entre sectores públicos y privados podría tener un papel importante, si esto se hace correctamente, los gobiernos podrían ganar mejor acceso a la amplitud de conocimientos y experiencia en gestión de riesgos del sector asegurador: evaluación y tarifación de riesgos, diseño y gestión de planes de seguros, diseño y definición de cláusulas restrictivas y medidas preventivas necesarias, así como la gestión de reclamos cuando golpea un desastre. Todo esto requiere sólidos marcos institucionales que regulen los derechos y deberes de aseguradores y asegurados. Tampoco puede subestimarse la importancia de la certidumbre jurídica, pero todas las buenas intenciones serán en vano si faltan los incentivos adecuados o se fijan incentivos negativos. Cada parte involucrada -gobiernos, aseguradores y personas o empresas aseguradas- necesitan tener los incentivos correctos.
El Informe de The Geneva Association sobre la contribución de los aseguradores a la reducción de desastres (“Insurers’ Contributions to Disaster Reduction - A Series of Case Studies”) brinda un valioso análisis de casos concretos, de los cuales algunos funcionaron bien y otros no. Resultó que medidas e incentivos establecidos con buenas intenciones tuvieron un efecto opuesto al deseado, cosa que a veces, pero no siempre, puede discernirse con facilidad. El sector asegurador está dispuesto y ansioso por aprender de ejemplos de la vida real y mejorar el diseño de las asociaciones entre lo público y lo privado, una tarea sin duda gratificante y que vale la pena abordar.

Modelos de Regulación y Supervisión Global en Seguros: ¿Reestructuración en Marcha o Revolución?


Regulación y supervisión serán en poco tiempo funciones totalmente separadas; los bancos centrales tendrán mayor injerencia en la supervisión de todos los operadores financieros, incluso los aseguradores; la supervisión tendrá múltiples arquitecturas y la seguridad será la principal preocupación. Este es el cuadro que describe Jan Monkiewicz en este trabajo publicado en el Boletín sobre Regulación y Supervisión de The Geneva Association Nº 58 del 17 de diciembre del 2013.

La regulación y supervisión pública de las actividades de seguros son los instrumentos más poderosos para estructurar los mercados. Desde fines del siglo XX estas funciones se venían ejerciendo en forma conjunta, pero hoy se están separando cada vez más, delegándose a distintos organismos dentro de las estructuras gubernamentales.
La regulación consiste en fijar estándares. Se vincula estrechamente con el dictado de leyes y, por lo tanto, está expuesta a presiones políticas y de mercado. Por su propia naturaleza afronta el inevitable peligro de ser capturada por normas regulatorias en beneficio de determinados grupos de interés dentro o fuera de la industria aseguradora para beneficio de competidores, clientes, proveedores y otras partes interesadas (Posner, 1974).
Por su parte, la supervisión tiene un rol superficial en la determinación de estándares, pues se concentra en hacer cumplir los requisitos regulatorios en la práctica concreta de la actividad. Por ello está más cerca del costado técnico del negocio. Debido a su naturaleza técnica, la supervisión está menos expuesta a fenómenos de captura y esta fue históricamente una de las razones fundamentales de su separación de las actividades regulatorias. Para asegurar aún más la objetividad de la supervisión y evitar posibilidades de captura, se recomienda cada vez más cercar su funcionamiento para aislarla de influencias políticas y comerciales.
No obstante las diferencias fundamentales entre regulación y supervisión son en la práctica como hermanas mellizas, pues dependen mucho una de otra. Los modelos, normas y estándares regulatorios afectan la estructura de supervisión, y por su parte, los límites de las facultades de supervisión se anticipan a las opciones regulatorias.
Los modelos regulatorios y de supervisión en seguros fueron recientemente objeto de una puesta a punto fundamental. Se están introduciendo nuevos estándares y modelos que afectan fuertemente tanto al sector asegurador como a las instituciones que lo componen. Los cambios regulatorios y de supervisión son impulsados por no menos de cuatro factores:
• Creciente globalización del sector;
• Creciente integración del sector financiero y, en consecuencia, mayor necesidad de convergencia regulatoria;
• Un cambio en el paradigma regulatorio y de supervisión;
• Lecciones de la reciente crisis financiera global.
El nuevo marco regulatorio reconoce que la gestión de riesgos está en el corazón del nuevo paradigma regulatorio. Esta es una determinante fundamental tanto para los requisitos de solvencia y capital, como para el examen de supervisión. El cumplimiento, un factor dominante en el paradigma anterior, ya no es una preocupación principal, el nuevo modelo confía cada vez más en la regulación pública directa y con un marco más amplio, sin importar la disciplina del mercado. Bajo las nuevas reglas es menor la confianza que puede tenerse en directorios y accionistas para controlar los excesos del mercado, el modelo emergente se caracteriza por la globalización de las opciones regulatorias. Recientes decisiones del Consejo de Estabilidad Financiera (FSB según su nombre en inglés) con respecto a la designación de Aseguradoras Globales Sistémicamente Importantes (GSII) y decisiones de la Asociación Internacional de Supervisores de Seguros (IAIS) con respecto al acelerado desarrollo del Comframe [Marco Común para la Supervisión de Grupos Aseguradores Internacionalmente Activos (IAIG)], incluyendo sus Estándares de Capital en Seguros (ICS) que aplicarán a partir de 2019 todos los IAIGs con operaciones globales, son las señales más profundas de esta nueva evolución cualitativa. Este nuevo formato genera sistemas regulatorios que son mucho más complejos que los conocidos hasta ahora. Aparentemente, introduce una arquitectura regulatoria de niveles múltiples compuesta por no menos de cuatro tramos: uno para compañías “comunes”, otro para grupos aseguradores internacionalmente activos (IAIG), un tercer nivel para aseguradoras globales sistémicamente importantes (G-SII) y un cuarto nivel “especial” para mutuas y cautivas. Además, podemos tener un nivel para aseguradoras con importancia sistémica nacional (DSII). El nuevo modelo regulatorio expande claramente los antiguos límites respecto a la regulación al introducir un pilar macroprudencial para controlar, mitigar y posiblemente prevenir riesgos sistémicos. Por último, debemos reconocer que el nuevo sistema ofrece a los supervisores poderes discrecionales considerablemente mayores.
Por el lado de la supervisión, estamos ante el desarrollo de una penetración más amplia y la aparición de sistemas multipolares. Los clásicos organismos microprudenciales se complementan con autoridades macroprudenciales y organismos con mayores facultades para proteger al consumidor. Se espera que los supervisores sean más holísticos e individuales en su abordaje y sus evaluaciones. Un buen ejemplo de ello es el desarrollo de la supervisión con alcance grupal. Los nuevos modelos de supervisión toman en cuenta la necesidad de una mayor coordinación transfronteriza con memorandos multilaterales de entendimiento (MMOUs), colegiación de supervisores y grupos de gestión de crisis dentro del paquete de herramientas disponibles. Necesitan reconocer el mayor rol de la supervisión compartida y la toma de decisiones coordinadas, además de poner en marcha nuevas herramientas con la mira puesta en el futuro: indicadores de alarma temprana, evaluación de escenarios posibles y ensayos de stress. Por último, el modelo de supervisión inminente será formado por el creciente papel de los bancos centrales. Es posible que nos estemos dirigiendo hacia una supervisión de seguros basada en el mecanismo bancario. En este sentido, la solicitud de la reserva federal de EE.UU. para ser aceptada como miembro de IAIS puede tomarse como un hito.
Para resumir, estamos armando un sistema regulatorio y de supervisión más complejo y costoso. Bajo las nuevas reglas de juego la seguridad es la principal preocupación, el nuevo sistema reducirá la independencia de los organismos nacionales de regulación y supervisión, por el contrario requerirá mayor cooperación internacional.

Traducción: Mauricio Kitaigorodzki.


 
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