Mesa Redonda: Desafíos y Oportunidades del Seguro Agropecuario en América Latina

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Entre el Granizo y la Sequía: El Mercado Busca Cómo Crecer Más Allá de su Techo Histórico


El mercado asegurador agropecuario argentino cubre hoy entre el 50% y el 60% de la superficie cultivada, sin subsidio estatal, con 18 millones de hectáreas y una prima de aproximadamente 250 millones de dólares. Sin embargo, enfrenta una meseta estructural: el 98% de la cartera está concentrada en granizo, el multirriesgo apenas alcanza el 1% del total asegurado, y la anti-selección y la volatilidad de los riesgos sistémicos hacen técnicamente inviable la expansión sin política de Estado. Estos desafíos -y las oportunidades que abre la innovación en coberturas paramétricas, la experiencia piloto de Córdoba y el escenario reasegurador regional- fueron el eje de la mesa redonda que el 28 de mayo de 2025 reunió en Buenos Aires a tres especialistas del sector durante el XII Seminario Latinoamericano de Seguros y Reaseguros, organizado por la revista Mercado Asegurador bajo el lema Desafíos y Estrategias del Seguro y el Reaseguro en América Latina. Participaron de la mesa: Gustavo Mina, Gerente de Seguros Agropecuarios, Dirección de Operaciones, Sancor Seguros; Santiago Cabral, Auditor de Riesgos Agropecuarios y Forestales, La Segunda; y Miguel Fusco, Senior Account Manager, Agribusiness, AON RE. Moderó Pedro Zournadjian, Director de la revista Mercado Asegurador.

Introducción: La Importancia Estratégica del Seguro Agropecuario para Argentina y América Latina

Pedro Zournadjian: El Seguro Agropecuario constituye uno de los pilares fundamentales de cualquier análisis sobre el futuro del sector asegurador en la región. Argentina es uno de los principales proveedores de alimentos del mundo, y esa posición convierte al desarrollo de las coberturas agropecuarias en una cuestión de relevancia estratégica, tanto para el mercado local como para el conjunto de América Latina. En los últimos años, la actividad ha atravesado ciclos de alta volatilidad, determinados en gran medida por la ocurrencia de eventos climáticos extremos que condicionan los resultados del negocio y las decisiones de inversión de los productores. El seguro cumple en ese esquema un rol esencial: mancomunar y transferir el riesgo cuando se producen los desfasajes de siniestralidad que, de otra manera, recaerían íntegramente sobre el productor agropecuario.

Es un tema que tiene agenda pendiente. El denominado Protect Cap ha sido objeto de revisiones sucesivas, y en el Seguro Agrícola persiste una brecha significativa entre los riesgos efectivamente cubiertos y aquellos que aún no encuentran respuesta en la oferta del mercado. En esta mesa analizaremos la situación de la campaña agrícola en curso, las coberturas disponibles, los desafíos estructurales del sector y las perspectivas de desarrollo. También abordaremos el impacto de la inteligencia artificial en la actividad, que ya está siendo incorporada tanto en los procesos de suscripción como en la gestión de siniestros, generando eficiencias concretas en ambas áreas.

La Campaña Agrícola 2025-2026: Resultados Satisfactorios con Perspectivas de Ajuste Tecnológico

Gustavo Mina: Al cabo de 26 años de trayectoria en el sector de Seguros Agropecuarios, es posible dimensionar con perspectiva histórica los cambios ocurridos en el mercado. En el año 2000, cuando me incorporé a la actividad, apenas el 8% de la superficie cultivada de Argentina contaba con cobertura aseguradora. Hoy ese porcentaje se ubica entre el 50% y el 60%, según las variables de análisis, y ese crecimiento se produjo sin intervención estatal directa a través de subsidios a las primas. La campaña agrícola 2025-2026 puede caracterizarse como muy satisfactoria en términos de producción. Argentina mantiene su condición de gran productor de granos, aunque con una dependencia estructural del comportamiento climático. La campaña se inició con buenos niveles de humedad en suelo, lo que favoreció el desarrollo de los cultivos de invierno —trigo y cebada, principalmente— con rindes adecuados en la mayor parte de las zonas productoras. Algunas regiones registraron excesos hídricos que dificultaron o impidieron la siembra, pero los resultados globales fueron positivos. Los cultivos de verano —soja, maíz y girasol— también contaron con condiciones climáticas favorables. La superficie implantada con maíz y girasol se incrementó, mientras que la de soja mostró una leve contracción. La producción total a nivel país resulta muy buena, con algunas asimetrías zonales pero sin eventos catastróficos de la magnitud registrada en campañas anteriores.

Pedro Zournadjian: ¿Cuál es el estado actual de la comercialización? ¿La liquidación está concentrada principalmente en trigo?

Gustavo Mina: El trigo completa su cosecha entre diciembre y enero, período en que se concentra la principal liquidación. La soja presenta un avance de cosecha del orden del 80 al 85%, con el correspondiente proceso de comercialización en curso. El maíz registra un avance del 35 al 40%. Cabe señalar que el productor agropecuario está adoptando una estrategia de retención de granos en campo mediante silobolsas, en parte motivada por expectativas de mejora de precios. La cotización de la soja para noviembre se ubicaba, semanas atrás, unos 25 dólares por encima de los niveles actuales, lo que llevó a algunos productores a financiar sus obligaciones de corto plazo mediante operaciones de forward a ese plazo. Existe, en consecuencia, un volumen significativo de producción retenida que convive con una liquidación activa.

Pedro Zournadjian: ¿En qué medida incide la expectativa sobre el tipo de cambio y la evolución de las retenciones?

Gustavo Mina: La reducción de retenciones está diseñada de manera gradual. Para los cultivos de verano —soja y maíz— la vigencia comienza a partir de 2027; para los cultivos de invierno, como el trigo, a partir de junio próximo, aunque con un esquema progresivo. La incidencia sobre las decisiones de la próxima campaña es relevante, pero debe ponderarse en conjunto con otros factores. Los márgenes proyectados para la campaña 2026-2027, considerando los precios actuales de los granos y el incremento de insumos —fertilizantes y combustibles, en particular— resultan ajustados en campos arrendados. Esa estrechez de márgenes podría derivar en una reducción del nivel de aseguramiento en algunos cultivos y zonas. La proyección preliminar indica crecimiento de área en maíz, trigo y soja, aunque aún es prematuro para precisar cifras. Lo que sí puede anticiparse es que, ante márgenes reducidos, el productor tiende a ajustar el paquete tecnológico aplicado, y esa reducción en la inversión por hectárea se traduce también en menores sumas aseguradas y, eventualmente, en la decisión de no contratar cobertura en zonas de baja percepción de riesgo.

Pedro Zournadjian: La hipótesis inicial podría ser que las mejoras en la rentabilidad del sector impulsarían una mayor demanda de cobertura. Sin embargo, el panorama que describe es más complejo.

Gustavo Mina: Efectivamente. El productor siempre va a destinar superficie a la siembra; lo que se modifica es la elección del cultivo y el nivel tecnológico aplicado. En zonas de menor percepción de riesgo climático, cuando los márgenes no resultan suficientes para cubrir la prima de seguro como insumo adicional, la decisión de no asegurar se vuelve plausible desde el punto de vista económico del productor. Es una racionalidad comprensible que el mercado debe saber leer e interpretar para adecuar su oferta. Hay zonas en que directamente asegura igual, teniendo en cuenta que se asegura granizo.

Santiago Cabral: Es muy valioso lo que acaba de aportar Gustavo. Y observemos que él dice: expectativas menores en trigo y maíz y aumenta la proyección de soja ligado al uso de un insumo en particular, el fertilizante. Entonces, al bajar el paquete tecnológico las expectativas de rendimiento serían menores siempre, obviamente dependiendo de que haya o no agua. Eso sí es determinante. Y se cruza luego ya con la actividad nuestra, es decir, cómo impactan cada una de las suscripciones, con su suma asegurada, dependiendo del potencial de rendimiento, con los riesgos que hoy se cubren en Argentina. No todos los riesgos se cubren.

Estructura del Mercado: 18 millones de Hectáreas, 98% Granizo y una Meseta que Persiste

Pedro Zournadjian: ¿Cómo está compuesta actualmente la cartera del mercado asegurador agropecuario argentino?

Miguel Fusco: El mercado opera en torno a 18 millones de hectáreas aseguradas, de las cuales el 98% corresponde a coberturas de granizo y granizo con adicionales: aproximadamente el 58 o 59% es granizo puro y el complemento hasta el 98% corresponde a coberturas combinadas con riesgos adicionales. Las operaciones de multirriesgo representan una fracción marginal, del orden de las 200.000 hectáreas, equivalente a aproximadamente el 1% de la cartera total. Se trata de un mercado estructuralmente inelástico en términos de superficie asegurada, con una prima total de aproximadamente 250 millones de dólares cuya variación responde principalmente a los movimientos en el precio de los commodities, dado que las fluctuaciones en la superficie asegurada son acotadas.

Miguel Fusco: La coyuntura internacional de precios de materias primas es un factor condicionante de primera magnitud. Los valores actuales se ubican en niveles históricamente bajos, determinados por el elevado stock acumulado de campañas anteriores —los inventarios globales de soja nunca alcanzaron los niveles actuales— en conjunción con perspectivas de buenas cosechas en los principales países productores, Brasil y Estados Unidos incluidos. Cuando los stocks son de esta magnitud, los shocks climáticos puntuales tienen menor capacidad de tracción sobre los precios. A esta presión bajista sobre los ingresos del productor se suma el incremento de insumos estratégicos, en particular la urea, cuya cotización está influida por el contexto geopolítico internacional. La combinación de precios de granos lateralizados e insumos en alza reduce los márgenes del productor y, con ellos, la disposición a asumir el costo del seguro como insumo adicional.

Santiago Cabral: Desde la perspectiva de la suscripción y los resultados técnicos, la distribución geográfica de la siniestralidad ha ido modificándose. Históricamente, Córdoba concentraba las principales preocupaciones del mercado en materia de frecuencia de eventos. En los últimos tres o cuatro años, otras zonas han adquirido mayor relevancia en términos de siniestralidad: el oeste bonaerense y el este de La Pampa han generado resultados técnicos muy exigentes, fundamentalmente por la ocurrencia de heladas en cultivos de invierno. La operatoria en el Valle del Río Negro —pera y manzana, principalmente— también presentó resultados adversos. La compensación llegó de los cultivos de verano, que arrojaron resultados satisfactorios y permitieron equilibrar el resultado global, aunque el peso relativo de los cultivos de invierno y los frutales sobre la siniestralidad consolidada fue significativo.

Pedro Zournadjian: ¿Cuál es la situación actual en Córdoba, que históricamente fue la provincia de mayor preocupación?

Santiago Cabral: La situación en Córdoba ha evolucionado favorablemente en términos relativos. Lo que antes era el epicentro de la siniestralidad del mercado ha ido moderándose, mientras que otras zonas han tomado ese protagonismo. El eje Río Cuarto-Villa María y la zona de Marcos Juárez, en el límite con Santa Fe, generan actualmente más tensión técnica que el núcleo histórico de Córdoba. El escenario climático es dinámico y las zonas de riesgo se desplazan. A ello se suma el comportamiento del asegurado: existen asesores agropecuarios que recomiendan la siembra temprana de trigo —estrategia que incrementa la exposición a heladas— y que simultáneamente indican al productor contratar la cobertura de manera inmediata, precisamente porque son conscientes del riesgo asumido. Esa dinámica exige de las aseguradoras una adaptación continua en sus políticas de suscripción.

Pedro Zournadjian: En términos de composición de la cartera por tipo de cobertura, ¿el granizo sigue representando cerca del 90%?

Santiago Cabral: El granizo puro representa aproximadamente el 85% de la cartera; al incorporar los adicionales, la proporción asciende a prácticamente la totalidad de la superficie asegurada.

Riesgos Nominados, Cobertura Biológica y la Agenda Pendiente Del Multirriesgo

Santiago Cabral: El esquema de aseguramiento vigente en Argentina está estructurado sobre la base de riesgos nominados en el ámbito privado. No se trata de una cobertura de daños todo riesgo, sino de combinaciones de riesgos específicamente identificados en la póliza. Existen riesgos de alta relevancia para los productores que actualmente no están cubiertos o lo están de manera muy parcial, y hay categorías de riesgo que directamente no forman parte de la oferta del mercado. Uno de los desarrollos sobre los que estamos trabajando es el concepto de cobertura multiclima, que permitiría incorporar riesgos como sequía e inundación a los esquemas existentes. En otros países, el concepto es incluso más abarcativo —se habla de multirriesgo— porque incluye también los riesgos biológicos, que en Argentina prácticamente no se contemplan. Esta ausencia tiene una explicación histórica: la epifitia de fusariosis que afectó a los cultivos de trigo entre 1996 y 1997 generó pérdidas de una magnitud tal que el riesgo biológico quedó estigmatizado para el mercado asegurador local durante décadas. Si bien debería estar. La reciente ocurrencia de chicharrita en maíz, con los perjuicios que generó, ilustra la relevancia de este riesgo y la cobertura que el mercado no pudo brindar. Quizás en otros esquemas en el mundo eso hubiera estado cubierto. Hago esta salvedad para decir nosotros tenemos un paquete que incluye, según la combinación, algunos riesgos. Hay riesgos claves para los productores muy importantes que hoy no se están abordando o se abordan en cuotas muy pequeñas e incluso hay otro paquete de riesgo que directamente no se está considerando.

En ese esquema aparecen resultados globales con mayor o menor nivel de satisfacción y algunos riesgos y en algunas zonas puntuales que están trayendo complicaciones. Hablábamos con Gustavo en estos días las dificultades que hemos tenido, al menos nosotros, que tenemos fuerte suscripción en el oeste bonaerense y este de La Pampa con heladas en cultivos de invierno. Tuvimos ahí resultados muy complicados.

También nosotros participamos fuertemente en una operatoria en el Valle del Río Negro de Peri Manzana, donde también tuvimos resultados complicados. Por suerte, los cultivos de verano trajeron resultados satisfactorios y eso equilibró la balanza, pero algunos riesgos o algunos grupos de cultivos de participación menor en la recaudación, como podrían ser los cultivos de invierno o los frutales, en este caso, termina sumándole puntos a la siniestralidad. 

Reaseguro Agropecuario Regional: Capacidad Disponible con Condiciones a Negociar

Pedro Zournadjian: ¿Cómo han evolucionado las condiciones de reaseguro para el segmento agropecuario en los últimos años?

Miguel Fusco: El mercado reasegurador agropecuario atravesó un período de alta tensión hace dos o tres años, cuando la siniestralidad del mercado argentino alcanzaba el 90% y se sumaban las restricciones cambiarias para el giro de divisas al exterior, lo que generaba incertidumbre sobre la disponibilidad efectiva de capacidad. Esa situación se ha normalizado: la capacidad reaseguradora existe y está disponible para el mercado argentino. Sin embargo, a diferencia de otros segmentos donde se observan condiciones más blandas o mercados en ciclo soft, el reaseguro agropecuario mantiene condiciones firmes, justificadas en la siniestralidad acumulada de los últimos años. La disponibilidad de capacidad está fuera de discusión; lo que está en negociación es el precio.

Pedro Zournadjian: ¿Cuál es la tendencia predominante en la estructuración de los programas de reaseguro: coberturas proporcionales o no proporcionales?

Miguel Fusco: La tendencia predominante es hacia esquemas proporcionales con un nivel de retención significativo para la cedente, combinados con coberturas no proporcionales que protejan esa retención ante escenarios de siniestralidad elevada. El reasegurador busca que la aseguradora asuma una participación real en el resultado, de modo de alinear los incentivos de ambas partes en la gestión de la cartera. Una retención del orden del 20 al 30%, protegida por un excedente de siniestros sobre la retención, es el esquema más habitual. En cuanto a la dinámica regional, la reducción de subsidios en Brasil va a liberar capacidad reaseguradora que podría orientarse hacia otros mercados de la región —Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia—, aunque ese capital será selectivo y no llegará a romper condiciones en un segmento que aún exhibe resultados técnicos adversos.

El Modelo de Subsidios en América Latina: Contrastes entre Brasil, Argentina y el Resto de la Región

Pedro Zournadjian: Los subsidios a las primas agropecuarias son un instrumento de política pública presente en varios países de la región, aunque con diferente intensidad. ¿Cómo evalúa el impacto de los cambios en Brasil y cuál es el contraste con la situación argentina?

Gustavo Mina: La experiencia de México ofrece un antecedente ilustrativo sobre la fragilidad de los mercados dependientes de subsidios: cuando el programa de apoyo a las primas fue discontinuado, el mercado asegurador agropecuario colapsó en un período muy breve. En Brasil, el proceso ha sido diferente en forma pero comparable en impacto: la reducción del presupuesto destinado a subsidios de primas, combinada con demoras en los pagos comprometidos y una sequía de magnitud en el ciclo previo, produjo una caída dramática en la superficie asegurada. Los datos disponibles indican que se pasó de una penetración del orden del 17% de la superficie cultivada a aproximadamente el 3% en el período más reciente. La combinación de un año de pérdidas técnicas significativas con la reducción del porcentaje de subsidio generó un efecto multiplicador negativo sobre la demanda. Lo que resulta destacable del modelo brasileño es la integración del Seguro Agropecuario con el financiamiento bancario al productor, un mecanismo de arrastre que en Argentina tiene menor desarrollo.

Gustavo Mina: En Argentina, así como en Uruguay, Paraguay y Bolivia, la ausencia de subsidios a las primas es prácticamente total. El crecimiento del mercado argentino —del 8% al 50-60% de penetración— se produjo exclusivamente por la dinámica entre la oferta de productos de las aseguradoras y la demanda de los productores, impulsada esta última por el incremento en la frecuencia e intensidad de los eventos climáticos. El multirriesgo individual sin subsidio no resulta viable: los productores que contratan son, precisamente, los de mayor percepción de riesgo o los ubicados en zonas de mayor exposición, lo que genera una selección adversa estructural que deteriora el resultado técnico y lleva a las aseguradoras a retirar el producto. Las operaciones de multirriesgo que subsisten corresponden a grandes empresas agropecuarias que aseguran la totalidad de su portfolio como garantía de su inversión. Se trata de un nicho muy acotado, no de un mercado masivo.

El Programa Piloto de Córdoba: Multirriesgo con Respaldo Provincial como Modelo Replicable

Pedro Zournadjian: ¿Cuáles son las características y el alcance del programa de multirriesgo que se implementó en la Provincia de Córdoba?

Gustavo Mina: La Provincia de Córdoba tomó la decisión política de instrumentar un programa de gestión de riesgo climático para el sector agropecuario, con la asignación presupuestaria correspondiente. Ese punto es determinante: la disponibilidad de presupuesto es condición sine qua non para replicar esta experiencia en otras jurisdicciones, y su ausencia explica en gran medida por qué a nivel nacional o en otras provincias no se ha avanzado en la misma dirección. El programa surgió como derivación natural de una política preexistente de buenas prácticas agropecuarias, de adhesión voluntaria, que Córdoba venía ejecutando desde hace varios años. La georreferenciación de los campos y el registro detallado de los cultivos implantados facilitaron enormemente la instrumentación técnica del programa. El esquema diseñado es de multirriesgo individual, dirigido a productores inscriptos en el programa de buenas prácticas, con una cobertura de soja y maíz para aproximadamente 530.000 hectáreas. El umbral de activación del siniestro se estableció en el 30% de desviación respecto del rinde esperado. El costo de la prima es absorbido íntegramente por la Provincia, sin costo para el productor.

Santiago Cabral: La participación del sector asegurador en este tipo de iniciativas se articula a través de estructuras de pool. En el caso de los programas piloto en los que hemos participado, lo hemos hecho en el marco de ADIRA —la Asociación de Aseguradores del Interior de la República Argentina—, conformando un consorcio de aseguradoras. El modelo español, que tuvimos oportunidad de analizar en profundidad en 2019, es el referente internacional más citado: el asegurado aporta el 50% de la prima, el Estado Nacional el 25% y las comunidades autónomas el 25% restante, a través de un pool de 17 o 18 aseguradoras con un marco institucional consolidado a lo largo de más de 40 años. Existe una distancia considerable entre ese nivel de institucionalidad y los esquemas piloto que estamos desarrollando en Argentina, pero la dirección es la correcta.

Gustavo Mina: La replicabilidad del modelo cordobés en otras provincias es una posibilidad concreta. Hay negociaciones avanzadas para instrumentar una prueba piloto en Entre Ríos. En Santa Fe existen intenciones manifiestas, aunque sin definición operativa por el momento. Para la Provincia de Buenos Aires también se está trabajando en una propuesta. Debe recordarse que hubo antecedentes históricos de programas con financiamiento externo —Banco Mundial, Fondo para el Cambio Climático de la ONU— que generaron experiencias operativas valiosas en fruticultura en Mendoza e invernaderos en Corrientes y Buenos Aires, pero que no lograron generar una demanda autosostenida. Una vez retirado el subsidio, el productor no continuó contratando la cobertura. La discontinuidad es el problema estructural de todos estos programas: sin continuidad no hay calibración técnica posible, y sin calibración técnica no hay desarrollo sustentable del producto.

Pedro Zournadjian: ¿Quedan provincias relevantes sin adherir al esquema de comisiones médicas o marcos normativos del sistema?

Gustavo Mina: Las provincias que aún no han adherido son muy pocas y de escasa representatividad en términos de superficie asegurada: Catamarca, Tucumán y Santa Cruz, entre otras. No tienen incidencia significativa sobre el conjunto del mercado.

Modelos Internacionales y el Rol del Estado: Más Allá del Subsidio a las Primas

Santiago Cabral: La pregunta recurrente en estas instancias es por qué en otros países existe el multirriesgo y en Argentina no. La respuesta, cuando se analiza con rigor, remite invariablemente a la participación del Estado. No existe un mercado de multirriesgo agrícola masivo sin alguna forma de intervención pública, ya sea mediante subsidios a las primas, garantías gubernamentales para las capas catastróficas, o participación directa de entidades con respaldo estatal en la oferta aseguradora. El programa de España, Estados Unidos con 9.000 millones de dólares anuales en subsidios, Francia, Brasil en su etapa de mayor desarrollo: todos los modelos exitosos tienen al Estado como actor relevante. El mercado privado argentino llegó hasta donde pudo sin ese acompañamiento; para el siguiente salto, la ecuación requiere otro componente.

Miguel Fusco: Es importante, sin embargo, ampliar la mirada más allá del subsidio presupuestario puro, sobre todo en un contexto de restricciones fiscales. El Estado puede contribuir de maneras que no implican necesariamente transferencias directas: generando el marco regulatorio que habilite la innovación, facilitando el desarrollo de Seguros Paramétricos, poniendo a disposición del mercado las bases de datos meteorológicas y Satelitales con mayor Granularidad, o estableciendo incentivos para la vinculación del Seguro con el financiamiento agropecuario. Hay todo un ecosistema de apoyo público a la innovación aseguradora que no requiere subsidio directo y que en Argentina está subdesarrollado. El debate no debería reducirse a la dicotomía subsidio-no subsidio, porque esa simplificación tiende a paralizar la discusión cuando el contexto fiscal no permite subsidios.

Anti-selección y Riesgo Sistémico: las Barreras Técnicas del Multirriesgo

Santiago Cabral: El mercado argentino de Seguro Agropecuarios lleva al menos una década sin crecimiento significativo. La cartera se estabilizó en torno al 50-60% de penetración y no ha logrado superar ese nivel. Existe alta competencia entre aseguradoras, con presión tarifaria que deteriora los resultados técnicos, y los eventos climáticos de los últimos años han agravado ese cuadro. El límite estructural es claro: operando exclusivamente con el producto de granizo y sin innovación relevante en la oferta, el acceso al otro 40-50% de la superficie cultivada que aún no está asegurada no parece posible. Alcanzamos el techo del modelo vigente.

La problemática técnica central del multirriesgo individual es la anti-selección, que en el Seguro Agropecuario adquiere una dimensión temporal además de la geográfica habitual. La anti-selección geográfica es conocida: los productores ubicados en zonas de mayor riesgo son los más propensos a contratar. Pero la anti-selección  temporal es igualmente relevante y más difícil de gestionar: cuando las perspectivas climáticas son adversas, la demanda de cobertura se dispara; cuando los pronósticos anticipan condiciones favorables, la demanda se contrae o desaparece. La creciente precisión y anticipación de los pronósticos climáticos amplifica este fenómeno: el productor cuenta hoy con información de calidad para tomar decisiones de cobertura en función del riesgo esperado, lo que genera una selección adversa sistemática. Si la tarificación se basa en una recaudación proyectada para 20 años pero la demanda efectiva se materializa solo en 10 —los de peor clima previsto—, la ecuación actuarial se deteriora irremediablemente.

Gustavo Mina: La distinción entre riesgo de granizo y riesgos sistémicos es fundamental para comprender por qué el mercado argentino funciona bien en el primero y no logra desarrollar los segundos. El granizo es un riesgo aleatorio en el espacio: no es posible anticipar con certeza dónde caerá un evento de granizo, lo que permite construir una cartera geográficamente diversificada que gestione adecuadamente la volatilidad. Los riesgos sistémicos como la sequía no tienen esa característica: afectan simultáneamente a zonas extensas, no son aleatorios en el tiempo —los ciclos húmedos y secos tienen una lógica identificable— y los modelos de pronóstico permiten anticiparlos con creciente precisión. El resultado es que la demanda se concentra en los períodos de mayor riesgo esperado y desaparece en los períodos favorables. Los años más complejos de sequía en Argentina —2008, 2012, 2013, 2015, 2016, 2018, 2022— respondieron todos a esa dinámica de períodos prolongados de déficit hídrico que se extendían desde el otoño-invierno hasta el verano siguiente.

Pedro Zournadjian: La anti-selección  que describís es uno de los factores que explica la inviabilidad del multirriesgo sin subsidio, ¿correcto?

Gustavo Mina: Exactamente. En granizo, la incertidumbre sobre la localización del evento impide al asegurado hacer una selección adversa eficaz. En multirriesgo agrícola, cuando los pronósticos climáticos son de déficit hídrico, la demanda de cobertura de sequía se activa masivamente; cuando los pronósticos son favorables, la demanda cae a niveles mínimos o nulos. Esa asimetría torna el negocio técnicamente inviable sin un mecanismo que garantice la dispersión del riesgo a través del tiempo, que es precisamente la función del subsidio: asegurar la continuidad de la cartera en los años de baja percepción de riesgo.

Miguel Fusco: La experiencia comparada con Brasil lo confirma numéricamente. En la campaña 2020-2021, Brasil registró una siniestralidad promedio del orden del 300 al 350%, con casos extremos que alcanzaron el 800%, producto de una sequía de magnitud excepcional. Argentina y Uruguay atravesaron su propia sequía severa al año siguiente, con Uruguay registrando la peor sequía de su historia registrada. El perfil de riesgo del mercado argentino —concentrado en granizo— no genera eventos de esa magnitud. Sin embargo, venimos acumulando cuatro años consecutivos de siniestralidad por encima del punto de inflexión técnico, sin llegar a niveles catastróficos pero sin generar resultados favorables. La tendencia al agravamiento de los eventos climáticos, combinada con la presión tarifaria del mercado, plantea interrogantes serios sobre la sustentabilidad técnica del modelo actual. El Valle del Río Negro es un caso paradigmático: existe demanda genuina de cobertura, pero los resultados técnicos no permiten a las aseguradoras mantener su participación en esa cartera. Se configura así un segmento de demanda que el mercado privado no puede atender en condiciones comerciales razonables.

Coberturas Paramétricas: Potencial, Limitaciones y Oportunidades por Segmento

Gustavo Mina: Hemos desarrollado y obtenido aprobación regulatoria para un producto de sequía paramétrico basado en índices satelitales, aplicable a soja y maíz en las principales zonas productoras, así como a algodón en las provincias de Chaco y Santiago del Estero. El producto funcionó técnicamente de manera adecuada. No obstante, su comportamiento comercial evidenció con claridad el problema de anti-selección temporal que caracteriza a los riesgos sistémicos: en los años de alta percepción de riesgo, la demanda fue significativa; en el año siguiente, bajo perspectivas climáticas favorables por el fenómeno El Niño, la demanda fue nula. El producto incluía una tarificación dinámica que ajustaba la tasa en función de la tendencia climática, de modo que en el año de expectativas positivas la prima era más baja y la cobertura más ventajosa. A pesar de ello, el comportamiento del mercado fue de cero contrataciones. La especulación temporal del asegurado resultó imposible de neutralizar con la sola herramienta del pricing. El producto fue discontinuado. La alternativa que subsiste es la distribución a través de agregadores —entidades financieras que lo incorporen como garantía de créditos agropecuarios, proveedores de insumos— donde la contratación no sea discrecional para el productor final.

Miguel Fusco: Existen marcos regulatorios en otros países que habilitan los Seguros Paramétricos Facultativos —acuerdos entre partes bajo un esquema similar al de los contratos OTC en los mercados financieros— con mayor flexibilidad que la regulación argentina actual. Ese esquema permite a dos partes acordar el índice de referencia, la estructura del producto y las condiciones de liquidación, con la única exigencia de que la aseguradora cuente con el capital suficiente para respaldar las obligaciones asumidas. Ese espacio de innovación regulatoria puede ser muy productivo. Más allá de los cultivos extensivos —soja, trigo, maíz— existe un universo de producciones con necesidades específicas de cobertura: yerba mate, forestales, cítricos dulces, limones, uvas, hortalizas. La sumatoria de soluciones paramétricas para cada uno de estos nichos puede generar un volumen de mercado significativo y, al mismo tiempo, construir la base de datos necesaria para ir mejorando la calibración técnica de cada producto. Ese camino requiere decisión política para modificar el marco regulatorio, no necesariamente presupuesto.

La Dependencia Estructural del Agro y el Costo Macroeconómico de No Asegurar

Pedro Zournadjian: Para cerrar, quisiera plantear una reflexión sobre la dimensión macroeconómica de esta discusión. La dependencia de Argentina respecto de su sector agropecuario como generador de divisas convierte la gestión del riesgo climático en un asunto que trasciende al mercado asegurador. Las grandes crisis de la economía argentina en las últimas décadas tienen una correlación documentada con los años de sequía severa: la insuficiencia de divisas que provoca la caída en la producción y exportación de granos actúa como detonador o amplificador de las tensiones macroeconómicas.

Miguel Fusco: Es un punto fundamental. La demanda global de alimentos sigue creciendo y Argentina tiene capacidad productiva para atenderla, pero esa capacidad está condicionada por la gestión del riesgo climático. La imposibilidad de desarrollar coberturas para los riesgos sistémicos —sequía e inundación— que afectan al sector no es solo un problema del mercado asegurador: es una limitación al desarrollo productivo del país. El mercado tiene la capacidad técnica para construir las soluciones; lo que requiere es el contexto institucional adecuado: decisión política sostenida, marco regulatorio que habilite la innovación y datos con el nivel de detalle necesario para un pricing riguroso.

Santiago Cabral: La calibración técnica de cualquier cobertura nueva sobre producciones o riesgos no habituales requiere tiempo y continuidad. El Seguro de Granizo funciona en Argentina porque tiene detrás cien años de experiencia siniestral y ajuste actuarial. Cualquier innovación —multirriesgo, paramétrico, cobertura de riesgos biológicos— empieza con bases de datos limitadas y necesita campañas sucesivas de calibración. La condición para lograrlo es exactamente la que hemos identificado como el principal déficit del sector: continuidad en el tiempo. El programa de Córdoba es el ejemplo más prometedor de los últimos años precisamente porque tiene voluntad política y presupuesto asignado de manera estable. La clave es replicar ese modelo con la misma solidez institucional en otras jurisdicciones.

Pedro Zournadjian: Es una conclusión clara: el mercado tiene la capacidad técnica y la voluntad de desarrollar soluciones innovadoras. Lo que se requiere es el acompañamiento del Estado —no necesariamente en términos de subsidio directo, sino de decisión política, marco regulatorio adecuado y continuidad— para que esas soluciones puedan madurar y escalar. El futuro del Seguro Agropecuario argentino depende de esa articulación. Agradezco a los tres participantes por la profundidad y la claridad del análisis.